Desde el 1 de enero de 2026, la ley de California (AB 723) está obligando a todos los agentes inmobiliarios a declarar las fotos usadas en anuncios cuando estas han sido alteradas digitalmente, y además deben dar acceso a la foto original con el fin de tener más transparencia sobre lo que realmente se está ofreciendo. Por otro lado en Nueva York ya están proponiendo y evaluando hacer leyes similares para anuncios de alquiler. Pero, ¿a qué viene todo esto? ¿Por qué las autoridades deben tomar medidas para proteger a los consumidores?
No es difícil percatarse de cuán rápido avanza la tecnología y ahora con la inteligencia artificial tomando fuerza y volviéndose una herramienta cada vez más universal es necesario recapitular y preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a llegar. Con las redes sociales plagadas de imágenes y videos alterados donde se vende estilos de vida, cuerpos y rostros que realmente no existen, es claro que se está saliendo de las manos. Pero este problema se está replicando en todo, entre otros, la música, el arte, la literatura y, por supuesto, la fotografía; algo que nos afecta a todos los que trabajamos en este sector y a los consumidores que se guían a partir de imágenes para, por ejemplo, comprar o alquilar una propiedad, por lo tanto necesitamos aceptar que los gobiernos empiecen a aplicar leyes, pero desde nuestra postura también debemos adoptar prácticas sanas para evitar abusar de estas herramientas y volvernos parte del problema.
Nosotros ya habíamos empezado a ver esto, personas que toman una foto con un móvil y le piden a una IA que "mejore" la foto, que le agregue o quite, que le cambie, que copie un estilo de edición. Sin embargo, en ConeCat nos mantenemos fieles al proceso manual de edición, tomando decisiones desde la perspectiva humana: Cada foto que entregamos pasa por fusión HDR manual y edición por capas con pincel, hecha a mano por un editor-artista, no un filtro automático de "mejora". Por supuesto que es más lento, pero también es la única forma de lograr que la caída de luz, la profundidad de sombra y la temperatura de color se lean como reales, porque lo son. Un ojo entrenado todavía capta lo que un modelo de IA solo adivina.
Esto no significa que estemos en contra de la IA, somos honestos en que la IA juega un rol pequeño que no altera la realidad de lo que se ofrece: en ocasiones usamos remoción generativa de objetos para limpiar algo que distrae del encuadre: un cable suelto, un auto mal ubicado. Lo mantenemos al mínimo a propósito, porque el relleno generativo tiene un costo real en la calidad de la imagen: la textura, la nitidez y la consistencia con el resto de la foto se resienten cuando una herramienta adivina qué debería haber ahí, en vez de que una cámara realmente lo haya capturado.
Entonces la línea para nosotros no es "IA, nunca". Es calidad primero. La usamos donde no compromete el resultado, y la evitamos donde sí lo hace.
Esa distinción nos importa a nosotros, y cada vez más le importa a quienes fotografiamos, además de compradores, huéspedes y arquitectos, las tres audiencias más grandes detrás de todo lo que hacemos. Nadie quiere enamorarse de una propiedad que no existe solo porque una foto retocada la muestra.